You are currently browsing the tag archive for the ‘vida’ tag.
Tan sólo hace unos días que escuché esta frase y cada vez me doy más cuenta de la verdad que está oculta bajo sus palabras. Nadie me podrá negar que es una frase cautivadora, porque, al fin y al cabo, todos soñamos. ¿Y no es ese, pregunto yo desde mi ignorancia, el resumen de nuestra vida?
Siempre tenemos que andar haciendo elecciones, de esto y lo otro, para aquí o para allá, y las solemos basar en nuestro buen juicio o intuición. ¿Pero qué nos da esa intuición? ¿Cuál es nuestro juicio? Tenemos nuestro cerebro ligado a los deseos, desde siempre, y con esos deseos fantaseamos, algunos más que otros. Nadie me puede decir que no piensa en el futuro, de lo que le gustaría que le deparase, y en el presente, eso mismo se convierte en nuestra brújula.
“Yo, es que, no tengo sueños para cumplir” dirán algunos. Siento decir que no me lo creo, porque si tu sueño es tan vano como ganar la lotería, no me extraña que no haya esperanzas. Pero todos hemos soñado con ese aprobado, con tal coche, con ir a nosédónde, con convertirnos en tal.
Somos lo que somos, nos guste o no. Si no queremos cambiarlo, porque nos gusta como tal, no nos quedamos estancados, sino que continuamos nuestra vida, pues seguro que se nos ha presentado algo más ambicioso de lo que teníamos. Y ahí vuelve a empezar nuestro sueño. Y si no nos gusta, seguro que aspiramos a algo, y ese algo nos condiciona, sin que nosotros lo queramos.
Pero la verdadera cuestión es ¿Y si conseguimos ser lo que soñamos?
–¿No tienes más planes de futuro?
Juraría que antes sí que tenía algo emocionante pensado, algo por lo que merecía la pena vivir.
–Pues, si tengo suerte, supongo que trabajaré, me casaré y formaré una familia.
–No es por incordiar, pero ¿ya está? ¿No tienes ningún proyecto ambicioso pensado? No sé, a mi ése me parece un plan un poco aburrido, ¿No quieres visitar algún sitio? ¿Trabajar en algún lugar? ¿Crear tu propia empresa de algo? Tu plan es sólo de ataduras.
La verdad es que nunca me había parado a pensarlo pero sí que parece una vida un tanto aburrida y monótona, y a decir verdad es la que tiene o quiere tener todo el mundo. Si no es eso, piensan en convertirse en estrellas sin hacer ningún esfuerzo, por lo que se quedan frustrados toda su vida intentando conformarse con “lo que les ha tocado”. Parece que no se atreven a pensar que “los que les ha tocado” es mucho mejor que otras alternativas.
Al final todo consiste en una búsqueda de la felicidad, algo que nunca acaba llegándole a nadie. Aquellos que dicen haberla encontrado sólo son unos pocos mentirosos que se engañan a sí mismo para satisfacerse a sí mismos, que es lo único que realmente existe, la ambición y el placer de conseguir los objetivos. La felicidad, ya sea en “lo que les ha tocado” o no, es sólo un invento para potenciar la depresión, una creencia derivada de creer que todo lo que existe tiene un contrario o complementario.
Lo que la gente no entiende es que la depresión no tiene un contrario, lo único que hay es una no-depresión, y ésta es la simple existencia, el valor de seguir el día a día, el aceptar las posibilidades de cada uno y superarse a uno mismo.
Y ahora que he reflexionado todo esto ¿No es más sencillo mentir y decir que eres feliz?
Ese sentimiento de remordimiento que se instala en tu estómago, y desde allí te bombardea constantemete haciendote sentir culpable. Te recuerda constantemente que has hecho algo mal y por las venas suelta un veneno de arrepentimiento que te deja impotente en muchos aspectos de tu vida (O no, vamos, que tampoco hay que ser tan dramáticos). Y cuánto aprendemos de eso. Porque ¿cuándo no has aprendido de algo que has hecho mal?. Claro, ahí está la cosa, la miga, “mamia”, “gakoa”… La vida de una persona se completa de errores, la perfección llega de los errores y los errores nos llevarán hasta ahí. Sí, ahí, no es que me haya quedado sin vocabulario, es que ahí es ese sitio en el que nos convertimos en personas. Haciendo uso de los ya famosos silogimos, errar proboca remordimientos y los remordimientos nos llevaban a transformarnos en personas.
Pero, ¿qué pasa con esas personas que no tienen remordimientos? A mí, personalmente me dan miedo. Se habrán acostumbrado a los largo de su vida a evitar tener esos remordimientos que tan incómodos son sin ni siquiera prestarles atención, sin ni siquiera oírlos, acallando el ruido de sus gritos en los tímpanos, y llegando a volverse sordos. Miedo me dan, porque no tener remordimientos significaría silenciar a la conciencia, que es lo único que nos hace razonar. Y si en el caso contrario, no lo escuchamos y él sigue hablando podría llegar a ser peor, porque nos podría llevabar a la desesperación y la locura.
P.D. Releyendo lo de arriba, no digo que las personas sean perfectas, pero sí que la razón es lo que nos acerca a ella.





Comentarios