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Ya sé que llevo bastante tiempo sin escribir… me estoy preocupando por ello, pero bueno, supongo que sigo haciendo más cosas de las que puedo abarcar. De todas formas allá vamos.

Esta vez quería escribir para ampliar la entrada anterior. El hecho de que la gente pregunta las cosas para no tener que esforzarse es algo que, por ejemplo, todos los que controlamos mínimamente de ordenadores sabemos. Pues si la semana pasada hablábamos de la pregunta, ahora vamos a estudiar las respuestas. Y es que me hace gracia cómo la gente se puede fiar tanto de las respuestas de cualquier persona que pasea por la calle, o cómo los estafadores se aprovechan de estas respuestas intuitivas para timar.

Un ejemplo lo podemos encontrar en el artículo que escribí sobre los argumentos de los que utilizan los que intentan convencer a la gente que el alunizaje fue una conspiración. En él se puede ver claramente cómo muchos de los argumentos aluden directamente a la intuición “básica” de la gente para reiterar sus falaces argumentos. Aunque vimos que una vez se ponen todos estos argumentos juntos se destruyen unos a otros, por lo que ni es ciencia, ni es cierta.

También muchas respuestas se buscan en el tarot y en los astros, cosa totalmente absurda, pero hoy no me apetece. También podría hablar de las religiones, pero tampoco quiero llevar por ahí la entrada. Mi destino esta vez está más cerca y no es tan general, pues voy a hablar de las creencias populares. Y con esto no me refiero a si el Olentzero vive en el monte o la bruja Mari murió en Anboto. No, me refiero al convencimiento que tenemos de que el vecino sabe mucho más de esguinces y lesiones que nuestro médico de cabecera. No hay nada como torcerse el tobillo para que el vecino te diga “ponte esta crema, me la dieron cuando me rompí la pierna y ahora me va genial”. A lo que rápidamente asociamos con, “Si arregla la rotura, seguro que un esguince de nada en un día está curado”. Sí, curado sí, pero igual como un jamón de bellota. Aunque pueda parecer un caso exagerado, cosas peores he visto, pues la automedicación es algo más normal de lo que creemos.

Otro punto muy interesante es cómo se fía la gente de los “expertos” políticos en asuntos que no son su competencia. El ejemplo más claro lo tenemos con la energía nuclear. El otro día tuve que aguantar una carta al direcctor en uno de estos ¿periódicos? sensacionalistas gratuitos de un individuo que nos quería “recordar” cuán peligrosas eran las centrales nucleares, aludiendo a la peligrosidad de que estalle, a cuán sucias son y cuánto contaminan el planeta… Es decir, la idea que tenemos todos, pero que nos la han contado unos biólogos frustrados que se han metido a una organización “ecologista”.

Ejemplos como estos tenemos a miles. ¿No hubiera sido más lógico ir a ver al médico cuando tuvimos aquel catarro que tomar las pastillas del vecino? ¿No es más lógico preguntarle a un físico sobre energía?

-Hola.
-Hola.
-Venía a matarte.
-¿A matarme?
-Sí, verás, es que me aburro y no encontraba nada mejor que hacer.
-Oh, vale. Ya ves. Yo tampoco tengo mucho que hacer, así que… adelante.
-¿En serio?
-Sí, sí. Total, me iba a morir dentro de unos años. Qué más dará si lo hago ahora.
-Bien razonado pero… es que ya no me siento tan convencido.
-¿Por qué?
-Es que como estoy hablando contigo, pues ya me aburro menos.
-Oh, vale. Pues no me mates. Además, tenía clase mañana.
-Sí, será lo mejor. Pero…
-¿Qué?
-No sé, es que me queda como un espinita clavada…
-Por mí no te preocupes, ¿eh? Que si no voy a clase tampoco me importa mucho. Además, así te quitas el cuidado.
-Tienes razón, voy a matarte. ¿Quieres que le diga algo a alguien?
-Hmmm, no, déjate. Bueno, sí, dile a mi madre que le quedaron sosas las albóndigas.
-Vale, se lo diré. A mí tampoco me gustan mucho cuando quedan sosas.
-Sí, saben como a… tierra o algo así.
-Ahora tendrás un montón de tierra encima.
-Jajaja, es verdad, ya ves, qué cosas tiene el destino.
-Ya ves… pues oye, que me estás cayendo bien, y ahora me daría cosa matarte.
-¡Anda! No seas tonto. Si es una tontería, muere tanta gente.
-Pero, no sé, me da como reparo.
-Oye, si lo vas a hacer, hazlo ya, que si no tengo cosas que hacer. Los deberes, ya sabes, si no los llevo hechos el profesor me mata.
-¿Te mata? Qué cruel.
-Hombre, en sentido figurado. Me da unos berridos, pero vamos, creo que sólo ha matado a siete alumnos este curso.
-Oh, qué buen profesor.
-Ni que lo digas. Pues bueno ¿lo hacemos?
-Vale. Nada, un placer haberte conocido.
-Igualmente, me gusta saber que quien me mata es una persona amable.
-Vas a hacer que me ruborice.
-No era mi intención.
-Pues bueno, ahora te mato.
Sacó un arma del pantalón y le disparó al pecho repetidamente mientras su victima sonreía complacida. Las vísceras y la sangre salpicó toda la habitación.
-Menos mal que me he manchado, ahora podré entretenerme limpiando la ropa.

Se me están agotando los temas para el blog. Ya he hablado demasiado sobre la felicidad de las personas, sobre sentimientos indefinibles e iracionalismos sociales, por lo que este post no quiero que trate sobre eso. Tampoco quiero hablar sobre la actualidad política con el revuelo de la monarquía e Ibarretxe. No siento nostalgia por dibujos animados ni de tiempos pasados, por lo que ese tema también queda descartado. John Wohl está en fase de corrección, así que tampoco. ¿Qué me queda?

Muy sencillo. El apocalipsis. Bueno, en realidad quiero hablar un poco de la religión. Voy a empezar alabándola, porque su mérito tiene. Me gustan las personas sensatas y que tiene fe (tengo que hablar de fe cristiana, pues es la única que conozco de cerca). Digo personas sensatas porque hay mucha calaña que se esconde tras el cristianismo para justificar sus acciones incoherentes y descabelladas. Estas personas tienen una ilusión en la vida, algo que les lleva adelante y les ayuda afrontar el día a día. No seré yo quien quiera eliminar sus creencias, siempre y cuando sean esos cristianos que yo respeto, que ayudan y aceptan al resto de las personas como son, que entienden que los no creyentes no son malos, y mucho menos van a ir al infierno, y sobre todo, que toman los evangelios como un manual, una guía, un índice sobre el que reflexionar y aplicarlo sobre sus vidas de manera consciente, cuestionándolo, teniendo presentes las creencias de la época en la que fue escrito y no como una ley que han de seguir.

Pero este es un blog laico, por lo que le tengo que dar la vuelta a la tortilla. Por muy alto que se grite algo no tiene por qué ser verdad. En mi opinión, viendo la inmensidad del universo, me parece absurdo pensar que haya un Dios que se preocupe individualmente de cada persona. Es reconfortante saber que hay alguien cuidando de ti, pero llega un momento en el que hay que crecer y ser responsable de uno mismo. ¿Que la fe ha ayudado a muchas personas a salir de una situación lamentosa? Bien, no cuestiono su fe, que tampoco sientan que la ataco. ¿O sí? Si tienen una fe tan sólida, como dicen algunos, ¿por qué se sienten ofendidos cuando se cuestiona ligeramente?

Cuando alguien cuestiona las creencias de un gran grupo, éstos rápidamente atacan sin compasión. Son como las pandillas de los colegios, da igual que tengan razón o no, no te puedes meter con ellos porque son más fuertes. Sin embargo, ellos si que pueden condenarte a una tortura eterna, te puede angustiar con mensajes en el que te hagan creer que nunca serás una persona correcta si no te unes a ellos, te menosprecian, te pueden odiar y mortificar. Tú estás sólo, ateo de mierda, nosotros somos los buenos.

Me alegra saber que la iglesia, y las religiones en general, cada vez pierden más adeptos, pero me entristece que la sociedad haya perdido lo único bueno que consigue impartir: los valores humanos.

Es una pregunta estúpida. Todo el mundo sabe perfectamente quién es Harry Potter, o por lo menos ha oído este nombre en algún momento de su vida. Y es que dentro de una semana se estrenará mundialmente la quinta entrega de las películas del joven mago, y una semana después, el fin de sus aventuras con el séptimo libro. El boom que ha acompañado a Harry Potter y sigue acompañando no es asunto de risa, pues conseguir cinco películas y otras dos en camino, además siendo éxitos de taquilla, no es algo que puede conseguir todo el mundo. La publicidad que rodea en este momento es tan abrumadora que más de uno ha salido pronunciándose en contra de todo este embrollo.

Harry Potter supone la fortuna de J.K. Rowling, natural de la Gran Bretaña, escritora de las célebres novelas. Este fenómeno de masas también viene precedido de la promoción que recibe. Empezando por una primera novela discretamente colocada en las librerías inglesas, a ocupar los puestos de los mejores vendidos (best-seller) en todas las listas del mundo. Una escritora joven, con una hija a cuestas y más bien desquiciada por los giros que le estaba dando la vida. Y es que ésta podría ser sin duda la historia más promocional que ha salido en torno al Mago. Y ha funcionado, pues sin ni siquiera haber salido a la venta, el último libro de la saga ya es el más vendido del año.

Coger un libro de Harry Potter y leerlo, la verdad, que como literatura deja mucho que desear. Bien sea porque está escrito para niños o bien porque la escritora no tiene mucha habilidad para ello, algunas situaciones descritas son ciertamente escasas, faltas de sustancia o demasiado adornadas como para pensar que son reales incluso dentro del mundo de Hogwarts. Pero luego, sigues leyendo, y el libro te empieza a hablar y puedes llegar a sentirte apegado a él. Entre aventura y desventura te emociona, y consigues identificarte con los personajes. Son personajes más reales de lo que parecen a simple vista y son historias con las que uno puede soñar. Soñar de manera que antes de dormir, cierras los ojos, y te imaginas que estás advirtiendo a Harry de que meta a la rata de su amigo en una trituradora, o que Snape nunca nos cayó bien, por muy bueno que intentara parecer.

Con esto quiero decir que, si un libro es capaz de hacerte imaginar, incluso cuando no lo estás leyendo, se merece el reconocimiento que está recibiendo ahora mismo Harry Potter. Pues hacer que un libro te atrape de tal manera que, aún siendo las cuatro de la mañana, sigas leyendo porque quieres saber si conseguirá la copa de los tres magos, es lo que lo hace especial. Y es que después de eso, lo que consigue muy bien Harry Potter, es que empieces a leer muchos más libros. Conseguir que un niño empiece a leer es realmente difícil. J.K. Rowling ha conseguido que millones de niños (y no tan niños) empiecen a leer, y después de eso, que sigan. Sigan leyendo libros y emocionándose con cientos de historias. Lo importante de una novela es que te atraiga, que quedes satisfecho con la historia y que te haya enseñado a ver algo de manera distinta, que te haya hecho recapacitar sobre algo, y que después de eso, busques otro libro para leer.

Una buena amiga mía decía que para que un libro sea literatura ha de enseñar algo. Y Harry Potter lo hace. Enseña a ser fuerte a la gente que cree que lo ha perdido todo, a que se conformen con lo que tienen y a seguir a delante. Vale, muchos más lo hacen, pero esos otros muchos aveces no están tan al alcance como lo puede estar Harry Potter, pues son sencillos de leer, rápidos y entretenidos.

No serán buenos libros, pero sí son Grandes Libros.

Yo lo digo. Nadie tendría que pagar o recibir nada por ofrecer o escuchar una canción. Llevamos milenios creando canciones y es la primera vez que en el mundo que tiene que pagar derechos de autor por ir borracho en un boda y cantar “bulería” (aunque tampoco entiendo cómo le puede gustar a la gente estas canciones, pero ése es otro cantar).

El problema está en que hoy en día todo lo que pueda dar dinero ha de ser comercializado y, aunque sea una costumbre cultural, si se hace sin pagar, hay que perseguir al delincuente por los daños morales que le puedan causar a los rizos de Bisbal. Si pagas, mejor, que alguien tiene que pagar la gasolina de su ferrari después de su durísimo día de trabajo, es decir, por no hacer nada.

Los derechos de autor se inventaron en su día con un magnífico y claro objetivo: proteger a los artistas. Y a decir verdad todo funcionó genial en un principio, pues cada uno escribía, cantaba, filmaba o creaba sin tener ningún miedo a que algún chupaóleos cabrón se forrara a su costa. Pero los chupapinciles cabrones, son precisamente eso, chupartistas cabrones y consiguieron engatusar a los artistas para que se pusieran bajo su reinado de tinieblas. Los artistas cedieron, pues no se puede luchar contra titanes, que los artistas son grandes, pero débiles al fin y al cabo.

Y así hasta que hoy en día se comercializa todo lo que se pueda vender, y ya que están, lo meten bajo el nombre de arte o artista, aunque sea cualquier basura que parece (y solo parece al ignorante) atractiva a los sentidos, todo para explotarlo y exprimirlo hasta que no le quede ni una sola gota. Después acaba en la basura bajo una montaña de defecaciones de la sociedad.

El meollo del asunto está en que hay una idea muy equivocada en la mente de toda la sociedad. ¿Desde cuando un artista ha vivido del arte? Sólo los actores pueden vivir de esto, y antes a duras penas llegaban al fin de semana, aunque hace mucho que no se ve verdadero cine. ¿Un novelista? Claro, escribir exige una jornada daría de ocho horas. La mayoría tienen un segundo trabajo o sobreviven escribiendo para revistas y periódicos (Como ha de ser, pues ellos son los verdaderos artistas) ¿Un cantante? Por supuesto, cantar las canciones que te han escrito una vez al mes requiere la concentración extrema de los sentidos.

Pero en fin, supongo que la mierda vende y con ella nos gusta impregnarnos. ¿En qué clase de sociedad nos convierte eso?

Bienvenido a Reyweldon. Por favor, si usted está muerto, absténgase de entrar.

Pasen y vean. Esbozos de ignorancia expuestos de forma ordenada dentro del caos. No se olviden de sellar al final del ciberuniverso y espero que disfruten del pésimo espectáculo. (Los muertos vivientes también quedan excluidos de poder participar.)

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  • Algunos empiezan hoy exámenes. Qué pringaos JAJAJA Espera... Oh. 21 hours ago
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