Hay quien dice que siendo feliz es más difícil escribir, o escribir cosas buenas. Quizá sea lo que me sucede últimamente que apenas avanzo en ninguno de mis proyectos. Quizá ya no necesite entrar en mis mundos fantásticos o ficticios para seguir adelante. Sea como fuere, el blog se actualiza casi cada mes, cuando antes mínimo caía una entrada por semana, mejor o peor; John Wohl conseguí avanzar más o menos un capítulo por mes, actualmente la frecuencia es de un capítulo al año, aunque eso no quiere decir que le siga dando vueltas y tomando apuntes; tenía relatos que nunca publicaba acumulándose en mi ordenador, ya ni eso; el año pasado terminé el guión de una película que nunca se rodará y de varias series, que también llevan el mismo camino hacia el olvido. Pero escribía y sentía que no perdía el tiempo. En contra partida, ¿qué he tenido este año? He sido, como dicen algunos, feliz.
Todavía estoy intentando encontrar el equilibrio entre felicidad y fluidez narrativa, pero tengo el gran inconveniente de que soy vago y mientras me encuentre siendo feliz la escritura continuada y de ¿calidad? seguirá en un segundo plano… aunque quizá en un futuro cercano por fin pueda aunar estas dos satisfacciones de mi vida. Quién sabe.
De momento voy a orientar el tema de esta entrada al título. Y es que Lady Gaga parece que se está colando en muchos campos artísticos e inspirando a mucha gente que se atreve, más que nunca, a hacer lo que saben hacer. El empujón que consiguen gracias a reinterpretar a Lady Gaga nos hace encontrar a los demás nuevos talentos con los que saciar nuestras ansias de consumo de entretenimiento. Además, consiguen renovar constantemente la ya poco polémica imagen (!) de esta artita de vanguardia. Supongo que Lady Gaga sea teclista, componga sus canciones y que las partituras se puedan adquirir en internet ayudan a esta difusión.
Por ello me he decidido a seleccionar las mejores versiones que creo de las canciones de Lady Gaga que hay en YouTube.
Empezamos con un chaval de 13 años que interpreta Paparazzi en un festival/audición de su colegio. No tendría nada de especial si no fuera porque el tal Greyson consigue atraparte, ¿cómo? Talento, supongo.
Continúo con un variopinto grupo universitario que interpreta canciones a capela. Aquí podemos verles cantando Bad Romance, uno de los grandes éxitos de la artista newyorkina, insertanto partes de otras canciones. Coreografía incluida. El grupo se llama On The Rocks. Otra vez, talento.
Este hombre a penas necesita presentación. En el programa Buenafuente Berto Romero quiso demostrar que todo era flamencable (dudo que exista esta palabra, sobre todo porque suena a teleoperadora andaluza) y de ahí nació la sección Doblao Flamenco. Una de sus mejores canciones, cómo no, en que flamenquean Bad Romance, a partir de entonces, Romance jodío.
Y por último, una versión de ella misma, la Mother Monster, de la canción Poker Face.
Con la excusa de los vídeos, en la próxima entrada haré una selección de los mejores cortos que he visto.




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