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Es importante ir por esta vida con un par de máximas aprendidas. Dícese de esas fórmulas que te repites en un momento de disyuntiva. Para gente que tiene problemas de elección suelen ser muy recurrentes, y para aquellos que se aburren en la rutina puede otorgarles una pequeña dosis de endorfinas. Una de mis máximas es, “de hacerla, que se note”. Puede derivarse en “de perdidos al río”, pero la primera es efectiva en más casos. Vamos a ilustrarlo con algún ejemplo.
Digamos que nos encontramos por la calle y empieza a llover. ¡Oh! Necesitamos un paraguas. Cabe la opción de mojarnos, pero eso sería una bobada, nos podría acarrear resfriarnos, y eso no cumple la eficiencia de Pareto, por lo que queda descartado. Así que entraremos en el primer chino que aparezca (vamos, seguramente ya estemos cerca de uno) y elegiremos un paraguas de euro. Seguramente ese paraguas acabe al final en la basura porque el viento le va a arrancar las varillas. ¿Cogemos el negro entonces? ¿Seguro que es la mejor opción? De hacerla, que se note. Nos compramos el rosa. ¿Que podemos sentir vergüenza cuando vayamos por la calle? La gente seguramente sentirá más vergüenza ajena y sus caras serán un poema del que poder reírnos.
Otro ejemplo sería ese examen para el que no hemos estudiado. Bien, tu responsabilidad es estudiar el poco tiempo que te queda, pero… ¿por qué no? Vamos a preparar un chuleta, por si a caso… ¿una pequeñita con cuatro conceptos? ¡No! O se pone el temario entero o nada. Da igual que tengas que ir con un abrigo y pantalones de doscientos bolsillos al examen. ¿Que te pillan? Pues nada, “esto no es lo que parece, sólo he usado estas dos”.
Vale ya de tonterías por hoy. Y recordad: Ojo de loca no se equivoca. Aunque esto más que máxima debería estar en el refranero popular.




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